“Historia del hombre. 150.000 años de historia de la humanidad” de Cyril Aydon

En este libro, editado por Planeta en 2008, nos encontramos contenida, en gran medida, lo que son las líneas maestras de la historia de la humanidad, desde sus primeros pasos en el continente africano hasta la actualidad. Y lo hace desde un punto de vista cercano al hombre de a pie, sin fijarse tanto en batallas ni conquistadores, y dedicándole la mayoría de las páginas a los adelantos que permitieron alimentarse mejor a la humanidad, y a las enfermedades que diezmó a poblaciones enteras, que, al fin y al cabo es lo que nos preocupa a la mayoría en nuestro día a día. Pues que Napoleón ganara o perdiera una batalla no significaba gran cosa para la mayoría del planeta, excepto para los propios afectados, pero que James Watt inventara la máquina de vapor sí que fue algo que, a la larga, cambió el mundo entero y nuestra forma de vivir en él.
Por supuesto, también aparecen esos líderes y esas batallas que han configurado el mapa tal y como lo conocemos, pero dándole la importancia justa que se merecen en su influencia en la humanidad. Esto conlleva encontrarnos con una historia menos épica de lo que nos suelen vender, pero más ajustada a la realidad. Con el problema que suelen tener estas historias condensadas: “Quien mucho abarca poco aprieta”. Y es que hay capítulos que saben a poco y momentos que no se comprenden demasiado bien por la falta de datos, que los tendrás que completar con otros libros. Pero para hacerse una idea general de la evolución del hombre, sobre todo en términos económicos y tecnológicos, no está nada mal, pues una escritura sencilla hace que se lea sin problema ni aburrimiento.

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“Memorias de España” de Giacomo Casanova

Este libro es un extracto de la “Historia de mi vida” de Casanova, la parte de sus memorias que transcurre en España, entre 1768 y 1769, en una traducción que en su momento realizó el escritor Ángel Crespo (que también realizó una gran labor con la obra de Fernando Pessoa), descontento con la censura y traducciones incorrectas que había recibido la obra de Casanova hasta el momento.
Esta edición (Espasa-Calpe, 2006) también incluye un prólogo y artículo final de Marina Pino, con lo que situarse en la época y momento vital de Casanova resulta fácil y rápido. Y ya entrando en las Memorias en sí, hay que reconocer que son una autentica delicia: qué vida la de Casanova, cuantas aventuras amorosas, cuanta gente de letras le rodea. Y eso que, como dice en algún momento, ya está en el otoño de su vida, y cada vez le cuesta más cada conquista amorosa (“He hecho con ella todas las locuras amorosas que ha querido y he podido, porque mi época prodigiosa había pasado”, págs. 228-229), y encontrar gente de letras en España es una tarea difícil. En estas Memorias Casanova describe una España oprimida por la Inquisición y por el escaso desarrollo material (Camino a Madrid: “Después de aquel buen camino, no puedo decir que los haya encontrado malos, porque no encontré ningún camino” pags. 78-79), más evidente todavía para alguien que venía de París, prácticamente capital Europea en aquellos momentos. Pero también habla de una gente que sabe divertirse, nobles a su manera, aunque orgullosos en grado sumo. Y la mirada de Casanova sobre su propia vida es, en gran medida, honesta (aunque Ángel Crespo le descubre en algún “maquillaje”), reveladora de una personalidad arrolladora que supo ganarse grandes amigos entre la aristocracia de su tiempo (ya también grandes enemigos, sobre todo por culpa de sus amores). Quisiera terminar con un párrafo del libro que, por desgracia, representa perfectamente la visión de bastantes extranjeros sobre España, incluso hoy día:

“¡Pobres españoles! La belleza de su país, la fertilidad y la riqueza son las causas de su pereza, y las minas del Perú y del Potosí son las de su pobreza, de su orgullo y de todos sus prejuicios. Es paradójico, pero el lector sabe que lo que digo es verdad. Para convertirse en el más floreciente de todos los reinos de la tierra, España tendría necesidad de ser conquistada, cambiada de arriba a bajo y casi destruida; renacería apta para ser la morada de los dichosos” (pág. 217)

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“El derecho a la pereza” de Paul Lafargue

En una de las primeras entradas salió a colación “El derecho a la pereza” de Paul Lafargue, y pocos días después, buscando otro libro, reencontré en mi biblioteca la copia donde lo leí, así que creo que es obligado hablar de él (huelga decir que no encontré el libro que buscaba). Está editado por Fundamentos, con un estudio introductorio magnífico de Manuel Pérez Ledesma, que nos sitúa rápidamente en la época y posición ideológica del autor.
Aunque hoy no queda demasiado espacio para las utopías, pues hemos perdido la inocencia de creer en ellas después del siglo XX que nos ha tocado vivir (o estudiar), hay algunas que no deben perderse de vista, porque si no las revoluciones serían demasiado serias, sin ideas imposibles no van a ningún lado. Una de las utopías más bonitas es la que propugna Lafargue en este libro: “que se proclame los derechos a la pereza, mil y mil veces más nobles y más sagrados que los tísicos derechos del hombre, concebidos por los abogados metafísicos de la revolución burguesa; que se empeñe [el proletariado] en no trabajar más de tres horas diarias, holgando y gozando en el resto del día y de la noche” (El derecho a la pereza, pag. 132). Misión difícil de conseguir en una sociedad donde las necesidades se han multiplicado (entiéndase necesidades como “necesidades”), pues los grandes capitalistas, para ganar más dinero, tienen que vender más mercancía, y eso sólo se logra si se consigue creando necesidades donde no las hay. Y como ejemplo perfecto de que estos problemas que en el siglo XIX sufrían ya los trabajadores no se han solucionado, sino que han ido a más, un texto de la época que recoge Lafargue: “Los obreros nunca deberían considerarse independientes de sus superiores. Es extremadamente peligroso alentar tales caprichos en un Estado comercial como el nuestro, donde tal vez las siete octavas partes de la población poseen muy poca o ninguna propiedad. La cura no será completa sino cuando nuestros pobres de la industria se resignen a trabajar seis días por la misma cantidad que ahora ganan en cuatro” (pag. 121). Extremo que se ha logrado gracias a esta crisis, donde tener un trabajo ya es un logro, aunque suponga convertirse en un esclavo. Por eso viene bien recordar estos textos que nos ayudan a ver los objetivos por los que tenemos que luchar.

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“Patria”, de Robert Harris

Acabo de terminar de leer este libro editado por Mondadori (en su sección “Debolsillo”) y he quedado gratamente sorprendido. Comencé a leerlo porque la idea inicial me atraía, y me he encontrado con una novela muy completa, donde la intriga es constante y los personajes están muy bien construidos.
La historia está situada en, por decirlo de alguna manera, una línea temporal alternativa: Alemania no perdió la Segunda Guerra Mundial, sino que consiguió firmar la paz con Gran Bretaña y EE.UU., pudiendo con ello centrar sus fuerzas en el Este, en la guerra contra Rusia, que en 1964, año en el que ocurren los hechos, todavía continúa. Así, nos encontramos con un Reich alemán en su esplendor, con los edificios grandiosos que pretendía Albert Speer, sin judíos, que han sido reubicados en el Este, y con un Hitler a punto de cumplir 75 años (en este artículo se explica perfectamente la situación geopolítica que propone la novela). Este ejercicio de historia-ficción se denomina ucronía, y da como resultado una reflexión desde puntos de vistas distintos de temas ya bastante conocidos. Especialmente interesante es la concepción de la sociedad nazi, recordando en muchos momentos a novelas clásicas como “1984″ y “Un mundo de feliz”.
Por último, no hay que olvidar que, al fin y al cabo, es un thriller político, y muy bien llevado: mantiene en todo momento la tensión, los personajes actúan de manera coherente, y encaja perfectamente los documentos históricos que se aportan. Muy recomendable para pasar un buen rato.

P.D.: Hay película, no demasiado buena, sobre todo por el final, poco creíble, pero la ambientación sí que está bien conseguida, se deja ver.

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Harry Potter

Ahora que ya está en los cines la última película y se termina una era, quisiera escribir un par de pequeñas anotaciones respecto a los libros, nada extenso ni profundo, pues escribir algo nuevo sobre los niños magos es prácticamente imposible.
Lo primero que quería decir es que antes me negaba a leer Harry Potter, pues no los consideraba “literatura seria”, sino lecturas entretenidas para adolescentes y nada más. Ahora, que he disfrutado todos los libros de la saga, reconozco que por culpa de ser un pedante estuve a punto de perderme una obra magnífica, menos mal que me sacaron de mi error. Porque además me encontré con unos libros que están muy bien escritos, y esto me lleva al segundo punto: A lo mejor no consideran nunca a Rowling como una escritora al nivel de otros clásicos, y probablemente no lo merezca (debería demostrarlo con otros libros en los que no saliera Harry), pero en esta historia ha hecho un trabajo muy bueno, donde destaca un lenguaje cada vez más complejo, según van creciendo los niños y, sobre todo, un mundo con una lógica interna casi perfecta. Todo lo que cuenta encaja perfectamente en el mundo de Harry, en ningún momento uno se aparta extrañado del libro pensando: “esto no hay quien se lo crea…”. Y si el lector no se aleja en ningún momento de la historia, obtienes el efecto contrario: que cada vez está más adentro, más enganchado, como claramente se ve en la legión de fans que arrastra. Y conseguir eso a lo largo de siete libros es muy difícil, así que si eres otro lector de “literatura seria”, date una tregua y sucumbe al encanto de estos: no te arrepentirás

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“Tiempo de un centenario/ Dayan”, de Mircea Eliade

Hace poco estaba a punto de irme de viaje, y no sabía que libro llevarme. A última hora, y sin tenerlo muy claro, me decanté por “Tiempo de un centenario/ Dayan”, de Mircea Eliade, editado en España por Kairós (el primero de los relatos también lo podemos encontrar en Alianza, él solo, sin compañía). Disfruté en el avión como poca veces. y es que yo sólo conocía de Eliade sus ensayos mitológicos y religiosos, pero no nada de su obra en ficción. Y vaya sorpresa me llevé.

En estos dos relatos Mircea Eliade une la fantasía a sus conocimientos profundos para crear un ensayo-ficción sobre la evolución del ser humano. En el primero de ellos, “Tiempo de un centenario”, nos habla el autor de un hombre golpeado por un rayo, y que no sólo no muere, sino que rejuvenece físicamente, y descubre que ya lo sabe todo: le basta leer unas líneas de un libro para recordar al instante todo el libro. Y no sólo un libro, sino vidas, vidas pasadas, de otros y propias. Cuando el hombre ya lo tiene todo, cuando ya no existe el tiempo y espacio concreto para él, nos encontramos con el hombre post-histórico, el centro de este relato.
A destacar la magnífica habilidad de Mircea Eliade para desarrollar una estructura precisa donde enmarcar la historia, con uso del Flash back muy conseguido, consiguiendo encajar pasado y presente sin ningún problema.
En el segundo relato, “Dayan”, usa Eliade la leyenda de el judío errante para su propio beneficio, demostrando una vez más sus inmensos conocimientos de los mitos del pueblo. En él, las matemáticas se unen a esta mitología cotidiana, como parte del misterio de nuestra existencia, todo envuelto en un relato policíaco donde, si bien la acción no es demasiada, siempre hay un misterio que resolver.
En definitiva, dos relatos de lecturas muy agradable que gustarán tanto a los seguidores del sabio rumano, como a los lectores de habituales de ciencia-ficción.

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“Cinismos”, de Michel Onfray

En estos tiempos donde lo políticamente correcto se ha hecho dueño de la escena pública, donde los poderosos tienen más poder, desvirtuando una idea de democracia que parecía evolucionar, bueno es recordar a unos filósofos que allá por el siglo IV a. C. ya se enfrentaban a las normas establecidas.  En el libro de Michel Onfray Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros (Paidós, 2002) vemos una galería de pensadores cuyo cometido es no dar nada por sentado y luchar contra las ideas preestablecidas de su  sociedad (que, dicho sea de paso, siguen siendo en gran medida las ideas de la nuestra).  Para ello se valían más de la acción que de la palabra, y aquí tenemos una de las mejores escenas que demuestran esto:

“Platón había acuñado una frase que, a su entender,  definía perfectamente al hombre, a quien llamó «un bípedo sin plumas»…Los platónicos consideraron que era una expresión acertada, pero no ocurrió los mismo con Diógenes, quien en su rincón preparaba una contrademostración de facto: después de haber desplumado un gallo vivo, lo lanzó en medio de una reunión presidida por Platón, con lo cual, demostró silenciosamente que la definición era inadecuada y que, de todas formas, lo real no podría reducirse al concepto ni a las palabras.” (Cinismos, pp. 58-59)

Por el hecho de ser principalmente filósofos de acción apenas hay escritos propios, y las noticias que nos han llegado de ellos son de coetáneos y enemigos suyos, lo que ha llevado a Onfray a realizar un gran trabajo para conseguir asentar el corpus cínico. Especialmente interesante es el capítulo “Exégesis de tres lugares comunes”, cuando desmonta (tomando prestada la voz de los cínicos) tres ideas básicas en nuestro sistema social, a saber: El trabajo, el matrimonio y la patria.   El trabajo no es virtud, sino esclavitud moderna (y aquí hay que recodar a Lafargue y su Derecho a la pereza); el matrimonio es también esclavitud, en este caso, de la mujer (y hasta no hace mucho era así); y respecto a la patria, dejo hablar a Onfray:

“La ciudadanía es un juego para personajes mezquinos, orgullosos, proclives a las prerrogativas superficiales, cargados de vanidad y desdén, que en virtud de un complejo de superioridad creen que se los considera mejores. La excelencia de la que se vanaglorian no es más que efecto del azar. En suma, la patria es una quimera, y la ciudadanía, una superchería” (Cinismos, pag. 192)

Y es que una cosa tan azarosa como el nacimiento no debería hacernos creer mejores que otros…

En definitiva, un libro muy ameno de leer y que despierta la mente, que puede servirnos para pasar un buen rato y reírnos con algunas de las barbaridades de estos extraños filósofos, e incluso puede cambiarnos la vida, si nos planteamos convertirnos en auténticos cínicos.

El libro errante, Málaga

 

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Intenciones

En este blog básicamente voy escribir sobre libros (aunque también puede que vayan entrando otros temas, a veces no se puede ignorar la realidad), y quien escribe es también dueño de una librería,  pero eso no quiere decir que los libros que aparezcan tengan que estar en el catálogo de dicha librería, pues no pretendo que esto sólo sirva para vender. Tengo la intención de escribir sobre los libros que me apetecen, con independencia de su localización, pues lo importante de todo esto son los libros, que son los que permanecen a lo largo de los tiempos. Y que sea así por siempre.

El libro errante, Málaga

 

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